Historia - La casa rectoral de San Vicente do Grove (1704)

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El patrimonio olvidado

Hace pocos años, por parte de las autoridades eclesiásticas, se tomó la decisión de vender una finca perteneciente a la Iglesia con el propósito de arreglar la Casa Rectoral de San Vicente, que ya no reunía condiciones de habitabilidad. Al menos eso se nos dijo a los parroquianos. Pero lo cierto es que la finca se vendió para un camping y la Rectoral sigue arruinada. Del importe de la venta no se han dado explicaciones al pueblo. Y aunque la propiedad pertenece al obispado de Santiago, cultural y moralmente pertenece a todos nosotros puesto que se ha mantenido en pie durante trescientos años a costa de los diezmos y tributos de nuestros ancestros.

Fotografía del ruinoso estado de la Casa Rectoral de San Vicente en el 300 aniversario de su construcción

Por este motivo, en vista del desinterés mostrado por las autoridades eclesiásticas, hago un llamamiento a la corporación municipal de O Grove para que hagan las gestiones pertinentes en aras de la recuperación de un edificio tan emblemático como este; bien sea con fines benéficos, educativos o turísticos.

Es bien sabido que O Grove es un enclave turístico de primer orden debido a sus magníficas playas. Sol, playa y marisco. Un turismo estacional porque nos faltan o no potenciamos lo suficiente otros atractivos que despierten el interés de nuestros visitantes. El municipio vecino de Cambados, sin playas que puedan competir con las nuestras, recibe cada año y no sólo en verano a miles de visitantes interesados en su magnífico patrimonio arquitectónico y monumental. Al margen de sus magníficos pazos señoriales, han sabido crear una red de museos (Casa-Museo de Ramón Cabanillas, Muiño da Seca, Museo do Viño, etc.) que no sólo sirven para atraer visitas sino que también conservan para las generaciones venideras la memoria viva de nuestro pasado y de nuestras tradiciones populares.

En O Grove no poseemos un patrimonio monumental tan amplio. Pero el que tenemos no carece de interés en absoluto. Baste recordar el yacimiento arqueológico de Adro Vello, también en estado de semi-abandono. El caso que nos ocupa en este artículo es la Casa Rectoral de San Vicente, con mucho el edificio de mayor interés histórico-arquitectónico del municipio y que tal vez por no estar en el casco urbano sea el gran desconocido a ojos de nuestros políticos locales quienes, en los últimos años junto con el anterior cura párroco de esta feligresía comparten el dudoso honor de permitir la ruina de un edificio que acaba de cumplir 300 años de vida, ahora de agonía.

Hablemos de la casa.

Fotografía del horreo perteneciente a la Rectoral

En su tiempo, la rectoral de San Vicente fue el edificio más importante de "Los Groves". La diferencia entre esta y otras de la localidad se percibe en el Catastro de Ensenada (1753). En él, mientras que a la casa de D. José Ignacio Mareque, cura que fue de esta feligresía (Bisobrino del Dr. Don Pedro Mareque, fallecido el 19/10/1728, predecesor suyo en el cargo y que fue quien la mandó construir) se le asignaba un "alquiler" de 40 reales, a otras casas de la localidad consideradas "de cuarto alto", es decir, de dos plantas y pertenecientes a gente pudiente y alguna de las cuales todavía existe, se le adjudicaban entre 12 y 15 reales. A las casas "terreñas", de planta baja, se les asignaban 4 o 5 reales. Tal era la proporción en importancia que le daban en su época y que muy gráficamente refleja el Catastro. Hoy, al parecer, esta importancia o se ha perdido o se ha olvidado por desgracia para las próximas generaciones.

Haré una breve recapitulación sobre esta casa a partir de unos documentos pertenecientes a mi archivo privado y que por primera vez verán la luz aquí.

Transcribo, al pie de la letra, el recibo de pago por la construcción de la cocina y que da fe de su interés histórico por sí mismo:

Fotografía del recibo de pago por la construcción de la cocina de la Casa Rectoral, fechado en 1704

"...yo Domingos da Canle y Pedro da Ermida, maestros de cantería becinos de San Gorge de Sacos, que recibimos de don Pedro Mareque rector propio de San Vicente de los Grobes, ochocientos ducados de vellón, que es la mitade de los mil y seiscientos ducados de vellón en que emos contratado con su mercede la construción su casa e cocina en la forma que costa declarada del contrato de dicha partida le damos carta de pago - con adebertencia que todas las partidas que asta agora abemos recibidas en dinero están metidas en esta conta - y no entra en ella el demás gasto que ycimos desde que començamos y a partir la pedra que esa queda para la conta final en que se lo abemos de mitir (emitir) al conta final a dicho señor, de que fueron testigos Manoel de Ligó (Lijó) Ynacio Días e y Alonso Albares, todos becinos desta feligresía de San Vicente de los Grobes donde fue echo a tres días del mes de abril del ano de 1704 y por no saber fermar rogamos a dicho Alonso Albares lo aga por nosotros no saber.
Como testigo y a ruego, Alonso Albares."

Las fechas son bien explícitas. Se cumplen justamente ahora poco más de trescientos años desde la construcción de la casa, cocina y lareira de la Rectoral. El edificio primitivo, probablemente, es incluso anterior. En cualquier caso, su construcción precede en más de setenta años a la de la actual iglesia de San Vicente de lo que se deduce que convivió en el tiempo con la antigua de Adro Vello situada a poca distancia y de la que hoy sólo quedan vestigios. Este hecho, en si mismo, desmonta la leyenda de que la iglesia tenía que construirse en la zona de Balea o Reboredo porque allí se almacenaban los sillares. Pero cada noche aparecían en su ubicación actual como por arte de magia. Es irrefutable que no iba a edificarse a mayor distancia de la Casa Rectoral ni del viejo Campo Santo de Adro Vello. Los lugares de culto se vinculan a un entorno mágico - religoso del que no suelen alejarse demasiado. Además, una pormenorizada lectura del Catastro de Ensenada revela que el único sitio disponible en propiedad del obispado compostelano para hacerlo es justamente donde hoy se levanta. Si cada noche, las piedras volvían a San Vicente puede deberse, con toda probabilidad, a una solidaria costumbre propia del ámbito rural gallego; las carretadas. Cada noche, después de la labor agrícola, el vecindario aportaba sus carros para realizar uno o varios viajes portando las piedras. Tan simple y mágico como eso.

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